Just Cause 3: “Sólo quiero ver el mundo arder”

Por Axel Christiansen (@d0nfil0fi0)

Pocos juegos en la actualidad obedecen tanto al estereotipo favorito del videojuego como la serie Just Cause. Violencia sin sentido, un protagonista machote, explosiones por doquier y un modo de juego adictivo capaz de robarte varias horas de tu vida.

En un mundo marcado por el exceso de mundos abiertos, Just Cause ha sabido hacerse un nombre en la industria por el foco que tiene en dos de sus principales características: un mapa extenso para explorar y una facilidad irreal para obtener armas y causar la mayor cantidad de daño posible.

Y la tercera entrega de esta saga no ha sido la excepción. La fórmula del juego se mantiene intacta, solo que como siempre lo que cambia es la isla, los enemigos y los juguetes con los que Rico Rodriguez puede comenzar a crear caos.

Comencemos por la isla. O más bien el Archipiélago. Medici es un área de casi 1.000 kilómetros cuadrados llenos de agua y montañas que entregan la mayor cantidad de terreno para explorar que jamás se haya visto en la serie. En cuanto a ambientación, esto es muy positivo, pero en el gameplay, la verdad es que los espacios donde ocurren cosas -ya sean pueblos para liberar o cuarteles generales del enemigo- están muy separados entre sí, por lo que gran parte del tiempo estarás simplemente viajando en línea recta y esperando que todo pase.

Aun cuando contamos con el clásico gancho que nos permite volar y el nuevo wingsuit, que hace que todo el proceso de navegación por Medici sea muy parecido a lo que entregan juegos como Arkham Knight, el proceso de viaje es tan repetitivo que se hace algo fome. Y cuando la posibilidad de saltar de ciudad en ciudad es limitada y depende de un ítem, la verdad es que viajar no se hace muy entretenido.

Lo bueno es que cuando ya llegas a un destino, ya sea una base o un pueblo, la diversión está garantizada. Al igual que los juegos anteriores, el juego será tan divertido como tu quieras hacerlo.

Como todo sandbox, si escoges la vía fácil de dispararle a todo lo que se mueva todo te parecerá aburrido, pero el juego entrega tantos tipos de armas, vehículos, aviones, tanques, explosivos, balas, ganchos y habilidades, que repetir la misma estrategia para liberar dos pueblos ya es negligencia del jugador. Por suerte Just Cause 3 tiene la variedad precisa para nunca repetir dos veces la misma estrategia.

El problema acá en realidad no es el cómo hacerlo, sino que la motivación del personaje. En una tercera entrega uno debe poder exigir mejoras no sólo en la parte gráfica o de la jugabilidad, pero también en su historia y allí es donde Just Cause simplemente no aporta en nada. Rico Rodriguez no tiene personalidad ni evolución y tanto sus ayudantes como el villano de turno parecen haber sido escritos con el libro de los estereotipos al lado.

Las misiones de historia, necesarias para ir desbloqueando nuevas habilidades son repetitivas y no obligan al usuario a pensar creativamente, sino que la mayoría de las veces es “aguantar a los enemigos hasta que llegue la cinemática”. Encontré mucho más entretenido el sistema de desafíos, el cual no sólo sirve para ir aumentando las habilidades de tu personaje y por lo mismo, las posibilidades de juego, sino que además te obligan a no hacer siempre lo mismo.

Otro problema que tiene el juego tiene que ver con su factura técnica. La versión de PS4, que es la que probé, demoraba mucho en cargar, aun cuando quieres simplemente reiniciar una misión y además, cuando ocurrían demasiadas cosas en pantalla, la consola simplemente no se la podía y el framerate se cortaba. Algo que en la versión de PC -suponiendo que se tiene un computador suficientemente poderoso- no ocurre.

Da algo de lata saber que una consola de última generación sufre problemas de rendimiento, aunque para muchos la verdad pasará por alto.

De todas formas igual recomiendo jugar la versión de PC pues el mouse es la mejor manera de operar los ganchos, probablemente el arma maś creativa del título pero que para funcionar requiere precisión y rapidez, algo que no entregan los sticks de una consola.

Just Cause 3 es más de lo mismo, es cierto, y sus momentos de grandeza y creatividad son muy entretenidos, pero una cosa es evolucionar sobre si mismo -algo que si se logró- y lo otro es también evolucionar junto a la industria, algo que lamentablemente no pudo ocurrir. Los fanáticos ya saben en que se meten pero un público ya acostumbrado a una narrativa superior para acompañar sus aventuras probablemente no quieran esforzarse tanto para liberar a Rico ROdriguez de su propia tiranía.

NOTAS

Para consolas: 2 de 5
Para PC: 3 de 5

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