Resultados SIMCE: ¿Educación física al banquillo?

Por Ernesto Treviño

Esta semana conocimos los resultados del SIMCE de educación física en octavo básico, que mide rendimiento muscular, flexibilidad, índice de masa corporal, así como resistencia aeróbica y rendimiento cardiovascular.

Los resultados muestran un panorama preocupante. En cuanto al rendimiento muscular, si bien 79% de los estudiantes alcanza un nivel aceptable en la fuerza de la musculatura abdominal, 61% necesita mejorar la fuerza explosiva de las piernas, y 87% debe hacer lo propio en cuanto a la musculatura que rodea los codos. El 66% de los estudiantes necesita mejorar su flexibilidad del tronco. Por otro lado, 41% de los niños de octavo básico sufre obesidad o sobrepeso, de acuerdo al índice de masa corporal. Por último, 14% de los estudiantes puede tener riesgos cardiovasculares y, 68% de los que no tienen este riesgo necesita mejorar su potencia aeróbica.

Las diferencias en el desempeño están altamente mediadas por el origen social de los estudiantes. Solamente para dar un ejemplo, 43% de los estudiantes de nivel socioeconómico bajo tienen obesidad o sobrepeso en comparación con 27% de los alumnos de perfil económico alto. Así, las condiciones de salud física de los estudiantes, al igual que los indicadores cognitivos, son un espejo de las desigualdades presentes en nuestra sociedad.

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Es evidente que estos índices de desempeño físico no son totalmente atribuibles a la escuela. En nuestro país tenemos un problema social más general con la obesidad y sobrepeso, el sedentarismo y otros fenómenos propios de la vida moderna. En este sentido, los hábitos de consumo, el alto costo de la alimentación saludable, las oportunidades y patrones de actividad física se conjugan para que observemos estas tendencias.

Si bien no se puede responsabilizar completamente a las escuelas por estos resultados, sí se pueden dilucidar algunas conclusiones y recomendaciones. En primer lugar, es evidente que las clases de educación física son insuficientes (o no del todo adecuadas) para promover el apropiado desarrollo físico de los estudiantes. En este sentido, es factible pensar en otras formas de promover la salud física de los estudiantes, como es el caso del programa “Una milla diaria” (The Daily Mile) implementado por una escuela en el Reino Unido. Esta intervención consiste en que niños, niñas y profesores jefe se dan quince minutos diarios para trotar una milla (1.609 metros) sin necesidad de indumentaria especial. Esta intervención redujo la obesidad y el sobrepeso entre todos los estudiantes y los docentes. Se trata de una forma continua y lúdica de mejorar la condición física de los estudiantes sin necesariamente vincularla a “la hora de educación física” sino más bien haciéndola parte de la rutina diaria del curso, cambiando los hábitos de actividad física.

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En segundo lugar, las escuelas pueden tener una gran incidencia en los hábitos de alimentación saludables. Para ello se puede sugerir a las familias el tipo de colaciones más sanas que pueden enviar a los niños. También puede ser necesario estudiar y mejorar la alimentación provista a través de la JUNAEB para que sea más saludable. Por último, las ventas de colaciones y golosinas en los establecimientos escolares pueden también sustituir productos altos en azúcar, sodio y carbohidratos por otros más naturales.

¿Cuáles son las principales causas de la epidemia de obesidad y sobrepeso? ¿Qué incidencia puede tener la escuela y la enseñanza en los hábitos de los estudiantes y familias? ¿Se puede tener una alimentación saludable a un costo que esté al alcance de todos? No se pierda La Buena Educación este domingo 25 de octubre, donde trataremos este importante tema que vincula educación con salud.

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