Monstruos en el Mapocho: A 21 años del Monsters of Rock

Acabo de toparme con un tweet de la Radio Futuro que me recordó que hace 21 años se hizo el primer “Monsters of Rock” en Chile. Le tengo un cariño especial a ese evento en la estación Mapocho porque fue la primera vez que tuve una credencial para entrar gratis a un concierto. En esa época pituteaba haciendo un programa de música en una radio del sur.

Ya llevaba un par de años colaborando en La Nación y mis días me los pasaba corriendo entre las clases en la escuela de periodismo y  la sección deportes de ese diario. No recuerdo que me haya costado mucho acreditarme. Nadie me discriminó por cubrir para una radio de provincia, pero lo que fue realmente inolvidable fue la entrevista que pude hacerle en el lobby del Sheraton al gran  Tom Araya, que llegaba por primera vez a la tierra de sus ancestros para tocar junto a su grupo Slayer.

Era la música que me había acompañado de cabro, que conocí en el colegio, y que había disfrutado en memorables veladas metaleras en el Manuel Plaza, la Sala Lautaro y en el paseo Las Palmas. Dos años antes de ese primer Monsters of Rock habían prohibido un show de Iron Maiden en Chile, pero eso esta visita de Slayer junto a Black Sabbath y Kiss (sin maquillaje) tenía para nosotros un sabor a revancha.

Slayer estaba dando una nota esa misma mañana en los viejos estudios de Rock & Pop en la calle Antonio Bellet. Los escuché al aire, partí corriendo a la radio y de ahí me fui con mi grabadora y mi libretita al hotel. Nadie me pintó el mono para entrar, no había fans y en la recepción me encontré cara a cara con Araya. Me acerqué con respeto, le pedí una nota y me dijo que lo esperara un momento y que no había problemas para conversar.

No pasaron más de 15 minutos y pude hablar tranquilamente con el chileno de Slayer, emblema y orgullo de los rockeros nacionales, que algunos años antes incluso había motivado un reportaje especial de Alberto Fuguet en las mercuriales páginas de la Revista del Domingo.

De esa charla, recuerdo patente lo entusiasmado que Tom Araya estaba con Alice in Chains. Era la época en que las camisas leñadoras y los sonidos del grunge copaban la escena rock. Evocando esa jornada del 1 de septiembre de 1994 tengo la sensación de que las cosas eran menos complicadas. No había tantos intermediarios y como también nos pasaba en la cobertura del fútbol podíamos conversar de un modo más normal con los protagonistas. Otros tiempos. Una historia que ya tiene 21 años.

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